Corría el año 1961 cuando dos jóvenes guatemaltecos (se les conoce como chapines) llegaron a la entonces oficina de la Juventud de la CNOP, del PRI en Oaxaca, donde solicitaron apoyo para trasladarse a la entonces llamada “Magnífica Ciudad Capital de la República Mexicana”.
Dagoberto Canseco Pérez, entonces líder estatal juvenil y yo (acaba de ser nombrado Director del Periódico Fuego de la CNOP, que nunca salió a la luz), gestionamos sus boletos de pasaje en la línea Autobuses Cristóbal Colón, llamados Los Pericos.
Los chapines agradecieron el gesto solidario, se despidieron de nosotros y nunca más volvimos a saber de ellos. Seguramente lograron llegar al entonces Distrito Federal.
En la actualidad, miles de mexicanos ya no desean estar en la Ciudad de México, ni los guatemaltecos, sino instalarse en Estados Unidos, a fin de lograr un trabajo donde ganen más que en sus respectivos países.
Durante el intento por conseguir el llamado sueño americano, esos migrantes, en algunos casos, sufren de manera brutal. Unos logran el propósito de llegar a su destino y, otros, no.
En la actualidad, como quedó establecido en la reunión México-Estados Unidos-Canadá, el gobierno mexicano está obligado a mantener en su territorio no solo a chapines, sino a migrantes de otros países.
Lamentablemente, México asume el papel de policía de traspatio para la entrada a la Unión Americana y Canadá.
En los años 60 no nos imaginamos que, hoy en día, para lograr tener la visa, debemos enfrentar en la Embajada de Estados Unidos en México una serie de interrogatorios, que ningún delincuente pasa por ello.
Además, hay que hacer saber a autoridades diplomáticas sobre la situación familiar, laboral y socioeconómica, aparte de ser sujetos al cobro relacionado con el derecho de cruzar la frontera.
De mi parte, cuando empecé a entender sobre las invasiones y la transculturación estadounidenses, hice el juramento de no poner un pie en el llamado paraíso Green Go”. Espero cumplir.

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