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Canadá no está en venta

Una gorra azul con la leyenda «Canada is not for sale» se ha convertido en símbolo de la resistencia canadiense ante el tensionamiento de las relaciones con Estados Unidos.

Por Sebastián Godínez Rivera

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha generado preocupación para varias naciones del mundo. Principalmente, sus socios comerciales México y Canadá han sido señalados de obtener ventaja a costa de los Estados Unidos y llenar a dicho país de drogas. Trump amenazó con imponer aranceles del 25% a sus dos vecinos, puesto que consideró que no hacían nada para detener la inmigración y la inseguridad.

Sin embargo, en la orden ejecutiva que firmó, pero que hasta la fecha no ha sido publicada, el republicano hacía una pequeña diferencia. Imponía 25% de aranceles a Canadá y México en productos automotrices y otros bienes de consumo, si bien en materia energética solo impuso el 10% a su vecino del norte. No es una casualidad, sino que el magnate de Queens sabe que la relación entre algunos estados como Nueva York, Wisconsin, Illinois y Minnesota dependen de la energía que proporcionan las provincias de Ontario y Quebec.

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Canadá se defiende

Desde la victoria del 5 de noviembre en los comicios de Estados Unidos, Donald Trump comenzó a señalar que Canadá era abusivo en su comercio y que al brindarle tantas subvenciones debería convertirse en el estado 51. Lo que inició con un chiste de mal gusto para varias naciones, se fue convirtiendo en una amenaza a la existencia de los canadienses quienes están inmersos en una crisis política, debido a la debilidad del gobierno del liberal Justin Trudeau.

El premier Trudeau visitó a Trump en su casa de Mar-a-Lago para buscar un acercamiento y reducir la tensión. Empero, los señalamientos del republicano subieron de tono al punto que el entonces presidente electo posteó que “Justin Trudeau sería un excelente gobernador de Canadá”. Esto encendió las alertas de los demócratas, conservadores y otras provincias del país que comenzaron a cuestionar la pasividad del jefe de gobierno.

Tras estos señalamientos en los cuales Trudeau se vio como un líder pasivo, los cuestionamientos del opositor, Pierre Poilievre (Partido Conservador), comenzaron a crecer y a presionar al premier. En septiembre los liberales rompieron la coalición con su aliado en el parlamento, el progresista Nuevo Partido Democrático. Asimismo, a mediados de diciembre Trudeau tuvo un desencuentro con la ministra de Finanzas, Chrystia Freeland, quien renunció a su cargo debido a los elevados impuestos que proponía mantener el primer ministro liberal.

De esta forma, sumado a las presiones de Trump, la caída de su popularidad y el importante ascenso de los conservadores de acuerdo a los sondeos electorales, fueron el caldo de cultivo perfecto para que Justin Trudeau anunciase el 7 de enero de 2025 que renunciaba a su cargo.

Canadá tiene previstas elecciones generales para octubre de este año, sin embargo, la dimisión de Trudeau no se acompañó de un anticipo de los comicios. Una característica de los regímenes parlamentarios es que si dimite el líder del gobierno, existe la posibilidad de que se busque un sustituto para relevar a Trudeau. No es como Alemania, cuando el canciller Olaf Scholz se sometió a una moción de confianza y entonces se convocó a la disolución del parlamento para celebrar comicios anticipados.

Algunos nombres que han levantado la mano para relevar al jefe de gobierno son Chrystia Freeland, la exministra de Finanzas. Ella ha sido partidaria de hacer frente a Trump mediante un catálogo de sanciones y aranceles para defender el comercio canadiense. A esto se suma que quien asuma las riendas del país se enfrentará a un vecino que en varias ocasiones ha señalado que Canadá debería formar parte de la Unión Americana como el estado 51.

Freeland ha declarado: “nuestro contragolpe debe ser dólar por dólar, y debe ser preciso y doloroso: a los productores de naranjas de Florida, a los lácteos de Wisconsin, a los fabricantes de lavavajillas de Michigan, y mucho más”. La aspirante ha llamado a la unidad, pero en un mediano plazo buscaría desafíar al conservador Pierre Poilievre. Otro competidor en las filas del Partido Liberal es el extitular del Banco de Canadá, Mark Carney, quien ha cobrado relevancia en el tablero político.

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